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El simple paso del tiempo no hace que perdamos nuestra capacidad de evolucionar como persona.

Muchas veces se dice que nunca es tarde para volver a empezar, pero esta afirmación tiene un problema. Normalmente, esta clase de mensajes positivos cobran su utilidad en aquellos momentos en los que nuestras vidas pasan por momentos difíciles, pero es justamente en esas situaciones cuando somos más reticentes a aceptarlas: el pesimismo se apodera de nosotros.

Desde luego, es fácil volverse pesimista cuando se mira hacia atrás y se piensa en el tiempo que, desde el presente, parece haber sido desperdiciado. Pero este sentimiento no cambia los hechos: adoptar un estilo de vida totalmente nuevo, aprender habilidades increíbles o empezar relaciones ilusionantes es algo posible en prácticamente cualquier situación, independientemente de la edad. Veamos por qué sabemos esto.

Por qué siempre somos capaces de adaptarnos

El paso del tiempo no solo nos afecta haciendo que aprendamos cosas acerca del entorno; aunque no nos demos cuenta, también hace que interioricemos una serie de creencias acerca de quiénes somos y hacia dónde vamos. Dicho de otro modo, la experiencia también sirve para que vayamos construyendo un autoconcepto.

Tener un autoconcepto bien asentado es muy ventajoso en muchos sentidos. Por ejemplo, en muchos casos permite fijarse epectativas realistas y no lanzarse hacia situaciones extremadamente arriesgadas en relación a lo poco que se puede ganar a partir de ellas.

Sin embargo, esta imagen que tenemos acerca de nosotros mismos puede convertirse en una cárcel. Y es que con el simple paso de los años podemos llegar a una conclusión errónea: “si durante todo este tiempo no hemos logrado un cierto objetivo, eso significa que no estamos hechos para alcanzarlo”. Dicho de otro modo, tener más información nos hace concluir falsamente que conocemos todos nuestros límites.

Nunca es tarde para empezar de nuevo

Si algo nos distingue de los animales, es nuestra increíble capacidad de aprender. Aunque muchas otras especies tienen habilidades increíbles, estas existen porque están marcadas a fuego en su ADN.

Los seres humanos prácticamente no tenemos instintos que condicionen nuestro comportamiento de una manera previsible y estereotipada, lo cual significa que no llegamos al mundo con esta clase de ayudas para adaptarnos al entorno. Lo bueno de esto es que, del mismo modo en el que nuestra genética no nos da facilidades especiales, disponemos de un abanico amplísimo de oportunidades de aprender. Y sí, a cualquier edad.

Cuando fallas en algo, puede ser difícil levantarse y volverlo a intentar. Crees que porque has fracasado una vez, fracasarás de nuevo. Sin embargo, la mayoría de  emprendedores no tienen éxito a la primera, ni tampoco cualquier persona que quiere conseguir algo difícil.

Tenemos la tendencia a apegarnos más de la cuenta al estilo de vida que solemos llevar. Nos cuesta trabajo creer que es posible vivir de una manera diferente. Desconocemos hasta dónde somos capaces de llegar cuando arde la llama de un nuevo deseo de cambio.

Nunca es tarde para vivir, ni para amar, ni para aprender, ni para soñar. En esos terrenos somos eternamente adolescentes. Ahí vive siempre el eterno aventurero valiente que todos llevamos dentro y que saldrá a buscar buena fortuna si reconocemos que mientras estemos vivos, el tiempo nos pertenece.

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