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Es una pregunta tan poderosa y tan complicada para responder si es que no tienes nada establecido. Es una pregunta muy utilizada cuando uno está postulando a una plaza laboral también. Pero hoy lo veremos desde el punto de vista como emprendedores. Pero ¿Qué significa?

  • Autoconocimiento

Una persona que ha dedicado tiempo en conocerse a sí mismo con sus fortalezas y oportunidades, es una persona que sabe lo que quiere y tiene claro sus metas ya sea personales o profesionales. Dependiendo de tu respuesta, se percibirá si cuentas con la suficiente inteligencia emocional. Además, quieren comprender si has encontrado tu vocación y tu talento.

No te preocupes ni te traumes con tu respuesta porque al ver el nivel de inteligencia emocional con el que te encuentras podremos trabajarlo y ayudarte a fortalecer ciertas áreas que necesitas.

  • Ambición y ganas de progresar

Cuando se tiene una ambición balanceada, se logra utilizar como motivación para lograr lo que te propones. Por esto, debes evaluar si eres una persona que va a luchar para conseguir lo que quieras por medio de una razón que motiva o si eres ambicioso negativamente, es decir, que estás dispuesto a  hacer lo que sea para llegar a ello sin pensar en consecuencias. Tu respuesta deja ver si prefieres llegar a la meta aprendiendo y creciendo o si solo te enfocas en la meta, sin el proceso que conlleva.

Si ambas todavía no convencen te diré por qué deberíamos hacernos esta pregunta. Para poder tener metas claras, una visión concreta y podamos construir aunque tengamos obstáculos siempre con la mirada hacia adelante.

¿Qué es una visión?

No es tan místico como suena. Una visión, simplemente, es una imagen del éxito en un momento particular del futuro. Abarca las respuestas a una serie de preguntas: “¿qué aspecto tiene nuestra organización?”, “¿Qué tan grande es?”, “¿Por qué somos conocidos?”, “¿Por qué a alguien le importaría saber lo que hacemos?”, “¿Cómo se siente la gente que trabaja aquí?”, “¿Cómo yo como fundador, me siento con respecto al negocio?” y “¿Cuál es mi papel en él?” Si completas el proceso de visionar, tendrás un fin claramente articulado para tu organización, algo que no cambiará cada vez que el mercado o tu humor se den vuelta.

Una gran visión es inspirador

Te entusiasma ir al trabajo todos los días y a todos los de tu organización; es la catedral a la que todos concurren cada día.  Esta no es una simple expresión de deseos. Una visión tiene que ser estratégicamente sensata. Tienes que ser razonable para ser alcanzada.

Visionar forma una parte tan grande de lo que hacemos, que casi todos los que trabajan aquí leen al menos 20 visiones en el primer año de trabajo. Para ser claro, una visión no es un plan estratégico. La visión articula hacia dónde vamos; el plan nos dice cómo vamos a llegar allí. Empezamos a planear solo después de haber acordado nuestra visión. Crear un plan sin una visión…

Cuando visionamos eficientemente, nos movemos en dirección al futuro que queremos, y simplemente no reaccionamos ante la realidad del día a día que no nos gusta. Si hacemos bien nuestro trabajo en este aspecto, creo que logramos que nuestra competencia reaccione ante lo que hacemos, en lugar de ser al revés.

Una visión también hace más fácil manejar oportunidades estratégicas que se presentan solas todos los días. En mi experiencia, casi todas las organizaciones y personas, son exigentes y eligen las oportunidades cuando aparecen. Las decisiones están todos los días. Y después nos esforzamos en  lo que debemos hacer.

Tener una visión hace que las decisiones sean más fáciles: las únicas oportunidades que valen la pena considerar, son aquellas que nos van a ayudar a lograr nuestra visión. Esto resulta en  importantes beneficios  a nivel organizativo. Quiere decir que cuando surgen oportunidades que están por fuera de los límites de nuestra visión (y eso pasa todo el tiempo), podemos vetarlas rápidamente, ahorrando enormes cantidades de tiempo y energía. La vida es corta, y si nos vamos a preocupar por oportunidades que aparentan ser demasiado buenas pero que no nos sirven para llegar a donde queremos, es en mi opinión, una pérdida de tiempo. Preferiría destinar mi tiempo en trabajar hacia el futuro que elegí crear. Créanme, trabajé en ambos sentidos, y visionando como lo describí aquí, es 1.500 veces más gratificante.

Lo bueno es que bosquejar una visión es mucho más fácil y menos laborioso de lo que piensas. Como señalo en los pasos debajo, empezar no debe tomar más de 30 minutos. Ya puedo ver los ojos en blanco. ¿Media hora para escribir el futuro de mi organización entera? ¿Qué hay de juntar la información apropiada, consultar con expertos, evaluar las tendencias principales y los indicadores económicos líderes? Buenas preguntas. Pero para ir empezando, no necesitas nada de eso. ¿Por qué? Aunque pasemos la mayor parte de nuestras vidas laborales respondiendo a problemas y oportunidades que el mundo nos presenta, las visiones provienen de adentro hacia fuera. Se trata de lo que crees, de lo que te entusiasma, de lo que realmente quieres lograr.

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