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¿Recuerdas cuándo fue la última vez que tomaste una decisión de ésas que te puede cambiar la vida? Puede que fuera algo relacionado con tu trabajo, tu pareja actual, el lugar donde vives, la paternidad/maternidad, etc…

¿Qué te hizo llegar a ese punto en el que se abrieron ante ti nuevas posibilidades, nuevos caminos en los que se podía diversificar tu vida?

¿Huías de algo que ya no te gustaba o ansiabas lograr algo nuevo? Desde dónde se toma una decisión afecta a la actitud con la que vives el proceso, al proceso en sí y a los resultados del mismo. No es igual alejarse de algo que no ya quieres que acercarse a lo que sí quieres.  La motivación en un caso es destruir y acabar con lo que ya no deseas.  En el otro,  construir y crear lo que sí ansías.

¿Qué relación existe entre esa gran decisión tomada y tus valores y prioridades? ¿Elegiste pensando en ser coherente contigo o buscabas agradar a otros? ¿Eligió tu miedo o eligió tu libertad?

Tener este conocimiento sobre cómo tomas decisiones importantes te dará muchas pistas para empezar a cuestionarte cómo tomas esas otras decisiones cotidianas que quizá no te cambien la vida de la noche a la mañana, pero que mantenidas en el tiempo y convertidas en hábitos, pueden tener el mismo impacto vital que divorciarte, tener hijos o mudarte al extranjero.

Todas las decisiones que has tomado hasta este momento han determinado tu presente. ¿Has pensado el impacto que tienen las decisiones en tu vida? y ¿cómo ellas han influido en la creación de tu destino? Todos los días estás tomando decisiones, sean pequeñas o grandes generan resultados.. Y las que tomes a partir de este momento, determinarán tu futuro.

Hay quienes les cuesta tomar decisiones y muchas veces terminan eligiendo algo en contra de lo que realmente desean. O por no decidir, la vida decide por ellos. Otros, toman la decisión de dejarse llevar por las circunstancias, en lugar de tomar el control. También, hay personas que viven diciendo «me gustaría lograr» y «me gustaría tener» y no terminan de tomar la decisión de hacerlo.

Pocos son los que reflexionan acerca de lo importante que es tomar una decisión. Cuando estás tomando decisiones estás usando tu poder de elegir, tu capacidad de cambiar o transformar aspectos de tu vida. Las decisiones que tomes pueden hacer que te sientas alegre o triste, feliz o enojado, libre o atado.

Una decisión puede cambiar tu vida. Tomarla implica dirigirte hacia un nuevo lugar en el que puedes encontrar dicha y crecimiento pero, también pueden generarte problemas y hacerte infeliz cuando van en contra de lo que es importante para ti. Otras pueden generarte tristeza, pero quizás es la mejor

Tomar decisiones implica hacernos responsables y asumir un resultado. Recuerda: una decisión puede limitar o facilitar tu vida. Si tienes que tomar decisiones ahora hazlo de manera consciente, sin que interfieran en ellas situaciones del pasado o temores del futuro.

Antes de tomar una decisión pregúntate: ¿esta decisión me hará feliz o infeliz? Define lo más claro que puedas las consecuencias que vas a obtener al tomar esa decisión y asume las actitudes que correspondan. Fíjate lo que sucede en tu mente y qué emociones te genera.

Todos somos resultados de nuestras decisiones. Decidir supone  elegir la respuesta ante cualquier situación y aceptar las consecuencias que se deriven.  Por lo tanto, decidir implica:

1) Responsabilidad para escoger entre varias opciones,

2) Aceptación de las consecuencias. Porque como decía el profesor y escritor Stephen  Covey : “Cuando uno recoge una punta del palo, también recoge la otra».

Mi invitación de hoy es que empieces a prestar más atención a tus decisiones: a las que tomas  y que no tomas;  para que desde ese conocimiento veas hasta qué punto eres el capitán de tu vida.

Alguien dijo “Si no tomas decisiones, otro las tomará por ti y no pensará tanto en tu felicidad como tú mismo”. Yo comparto esta opinión.

Cuando decides puedes fallar. Cuando decides puedes ser criticado. Cuando decides, toca pasar a la acción y ello implica esfuerzo y como todo cambio, incomodad e incluso miedo.  Por eso muchas veces las personas tendemos a retrasar la toma de decisiones. Pero ¡ojo!, si las retrasas tanto puedes dejarte guiar por otros capitanes y llegar a un destino que en nada se parezca a aquél en el que deseas permanecer. Entonces, entras en crisis y sólo parece quedar la opción de huir y destruir en vez de acercarte y construir.

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